sábado, 18 de diciembre de 2010

Zimmer - Guardián de la locura-

Zimmer, ese buen hombre casi olvidado, ese hombre callado, porque solo así podría compartir aquella misteriosa carga, callado para poder escuchar los soliloquios que tenían lugar en el piso de arriba, para poder contar los pasos circulares uno a uno de un ambulante autómata. El hombre que en silencio - todo aquel posible - contemplaba la locura con la misma paciencia con la que escrutaba los dibujos que le ofrecía la madera y que luego transformaba en muebles.
Salir de cuando en cuando, a respirar ese aire puro con olor a limpio que ofrece el campo, a ver la misma senda y los mismos prados, aquel valle que tanto gustaba a su vecino de arriba; a encender su pipa bajo la ventana de la habitación de la torre que ocupaba su Quijote particular, escuchando los encendidos pensamientos que de ella salían para combatir a la humanidad.
Ese multipersonaje, a veces padre, otras hermano, médico, sacerdote, guardián, posadero, y guia de las visitas -pocas- de su inquilino. ¿Su postura? , Humilde, discreta, silenciosa, sabedora de primera mano de lo que puede hacer una mente perdida en confusas islas de realidad.
Zimmer, amoroso guardián de la locura.



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